Un domingo en el pueblo

Con un nombre difícil de pronunciar de corrido, Uribelarrea nos recibió el pasado 20 de abril para llenar de experiencias nuestro paseo de domingo.

Ya estábamos ahí, teníamos el equipo de mate listo y la decisión de dejarnos sorprender por el lugar. Un pequeño pueblo de 1.282 habitantes con 5 calles de ancho por 12 de largo, en el partido de Cañuelas, Bs. As.

Foto: Diego Pacheco

En la plaza principal había montada una feria con al rededor de 15 puestos, nos sentimos tentados por unos paquetes de tronquitos de palo santo en una carpa llena de coloridos sahumerios e invadida por intenso aroma  a mirra y maderas de la india.  Cada puestero ofrecía una creación original, desde pequeñas parrillas hasta ropa y objetos de decoración. Cruzando la calle nos esperaba la Iglesia de Nuestra Señora de Lujan, con un tamaño similar a una capilla de ciudad. Su interior era hermoso, aunque el recorrido no llevó más de 5 minutos.

Foto: Diego Pacheco

Alejándonos de la zona del centro decidimos buscar un lugar para comer

Un delicioso aroma a salsa casera profundizó nuestro deseo de almorzar. Ya era el medio día, teníamos poco más de una hora caminando. Este aroma nos guió a un pequeño bar con una frondosa arboleda de lado y un conjunto de 12 mesitas a los pies de los árboles. Tuvimos que desistir de este lugar ya que no había nada vegetariano para mí. Eso nos llevó a seguir caminando y terminar en una parrilla que nos sorprendió desde la estética vintage, hasta su propuesta gastronómica.

Foto: Tripadvisor

Foto: Tripadvisor

En la entrada, un hombre que trabajaba en el lugar nos había prometido “las empanadas mas deliciosas del país”, argumentaba entre chistes que las mujeres del interior de Argentina llegaban en buses a esta parrilla especialmente para aprender a preparar sus empanadas. Gaby y Ciro ,mis compañeros, se tentaron con la propuesta, pidieron una empanada para cada uno y levantaron sus pulgares, “¡Estaban muy buenas, de verdad!”, me decían. Ellos completaron su almuerzo con un poco de asado. En este lugar, las carnes asadas se sirve al peso. Es decir, solo pagas solo por la cantidad de gramos que consumes . Si también son vegetarianos como yo, hay unas tres variedades de pastas, en mi caso elegí ravioles y estaban deliciosos.

Rumbo al cementerio

Ya saben cómo son los cementerios de los pueblos. Tienen un atractivo que no se explica y hablan mucho de la historia de cada lugar, ahí queríamos estar.  El GPS nos llevó por un camino de tierra que se adentraba en el campo. Al parecer había llovido el día anterior, el suelo estaba lleno de surcos empantanados que habían dejado el paso algún tractor.  La rueda de nuestro auto quedó atrapada en la tierra mojada, con una pala pudimos abrirle camino y seguir adelante, nada nos iba a impedir llegar al cementerio.

(Recomiendo no visitarlo luego de un día de lluvia)

Para nuestra sorpresa, el tan anhelado jardín de paz era una entrada principal en ruinas y una sola bóveda familiar que se encontraba abandonada, esa imagen desoladora daba fe de que ahí era el lugar, estábamos en el cementerio, pero el tiempo y el olvido ya se había comido todo.

Foto: Ciro Tabvano

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