El arte vivo de los pueblos

El tejido es un conocimiento que se viene trasladando de generación en generación y desde hace ya mucho tiempo en los andes peruanos. Te invito a descubrir el arte vivo de los pueblos andinos.

Luego de haber recorrido parte del poblado de Chinchero, en la región peruana de Cusco, llegamos a una pequeña organización donde las mujeres se dedican a la elaboración y teñido de hilos para luego elaborar sus productos. Son tejidos que van destinados a la venta, principalmente para los turistas, generando el central ingreso económico para los hogares de los pueblerinos. El objetivo principal de estos ingresos para algunos de los grupos familiares es mantener la formación profesional de los hijos, las nuevas generaciones que buscan abrirse camino fuera del poblado, proyectando un mejor futuro a través de alguna carrera universitaria.

Los ovillos de hilo y las flores para el teñido.

¿Cómo se desarrolla este arte?

Primero, la lana de oveja o de alpaca es lavada con una raiz llamada Saqta que, en contacto con el agua tibia, libera espuma y es conocida como el detergente andino. Una vez lavada la lana, es secada a la sombra para luego hacer el hilado (Pushka) y empezar el proceso de teñido. Cintia nos cuenta en el video que a la raíz de Saqta también la utilizan para el lavado del cabello y asegura que “las propiedades de esta raíz fortalece el pelo y previene la aparición de las canas”.

Cintia mostrando la raíz de Saqta, su aspecto es similar al de la raíz de jengibre.

¿De dónde vienen los colores?

Ya una vez terminado el hilado obtienen las madejas que, según Cintia, pesan hasta unos 500 gramos cada una y son hervidas junto a hojas de diferentes arbustos para crear el color verde y el turquesa. La Flor de Retama para el amarillo y Maíz morado para los tonos lilas.

El particular color rojo

Para generar el color rojo utilizan un insecto llamado cochinilla. “Con la cochinilla se pueden obtener hasta veinticinco tonalidades, todo depende del tiempo de hervido”, aseguró Cintia a La Mirada De Diego y agregó que para recolectar estos insectos los barren con “escobitas de paja” de una planta llamada nopal de la tuna. Luego los dejan secar para molerlos con un mortero y de esta manera generan el polvo para el hervido. Por último, para fijar y sellar los colores utilizan diferentes minerales como la sal de Maras, piedra volcánica y hasta jugo de limón, entre otros.

Cintia mostrando la materia prima.

Listos los colores, empiezan los tejidos

Ya para la elaboración de los productor ellas utilizan la técnica de tejido plano, con el telar a la altura de la cintura. Una sola mujer puede demorar unos veinticinco días en terminar una pieza, trabajando solo cinco horas diarias ya que la postura hace que “duela la espalda y se cansa la vista”, confesó Cintia y reconoció que lo bueno de tanto esfuerzo es que “cada trabajo está garantizado ya que los productos terminados no destiñen, no encogen y tampoco pierden color al lavarlo”. En los diseños siempre plasman la iconografía del poblado de Chinchero, como “la flora, la fauna y la convivencia que tenemos con ello”, destacó.

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2 comentarios en “El arte vivo de los pueblos

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